En plena crisis del transporte capitalino, cobra fuerza la propuesta de municipalizar

04/07/2020

Campaña electoral con vínculo directo a la realidad actual
 

♦ Gustavo López: “Hoy los trabajadores del transporte ya entendieron

que este sistema los conduce a la bancarrota; hay que pensar con ellos otro sistema”.

♦ Agregó: “Y hoy son los propios trabajadores del transporte cooperativo que están planteando la necesidad de la municipalización o de una intervención distinta del Estado, no en favor de los monopolios sino en favor de las necesidades de los trabajadores y los sectores populares”.

 

 

La Intendencia de Montevideo (IM) mantiene su intransigencia en la intención de decretar una serie de medidas en el marco de lo que define como una crisis del transporte colectivo, entre ellas una rebaja del 7,5% de la masa salarial, y la promesa de pensar una reestructura del sector luego de superada la pandemia por el Covid19, en la que se reformularían modalidades de subsidios empresariales apuntando a su sostenimiento.

 

Gustavo López, con trayectoria gremial en el transporte y coordinador del área programática de Unidad Popular para las próximas elecciones municipales, abordó esta insostenible realidad y se refirió a la propuesta de remunicipalización que proyectan a través de la candidatura a la comuna capitalina de Eduardo Rubio.

 

 

Interés social, servicio público

 

 

Comencemos por una definición de carácter general, de cuál es nuestra concepción en la materia: El transporte público es para nosotros un servicio público esencial, y por lo tanto debe estar regido por el interés social y no por la lógica del lucro o la ganancia.

 

Nosotros siempre defendimos la idea de un transporte municipal, un transporte que privilegiara las necesidades de la clase trabajadora y demás sectores populares.

 

El transporte es algo esencial como el agua, es un posibilitador de la vida social; sin el transporte la gente no puede trabajar, no puede estudiar, no puede desarrollar el conjunto de actividades que hacen a su vida social. Por lo tanto creemos que el transporte debe ser un servicio público con interés social.

 

 

Estructura monopólica empresarial

 

 

Esta situación de la crisis sanitaria y la drástica caída de la venta de boletos que generó, viene a poner fin a un largo proceso de crisis del transporte, una crisis estructural. El transporte que en nuestra ciudad está regulado del siguiente modo: el 64% de las líneas de transporte las tiene la empresa CUTCSA, y el  treinta y pico por ciento restante en manos de las cooperativas; CUTCSA al mismo tiempo tiene el 80% de las líneas más rentables.

 

Por lo tanto acá hay una creciente tendencia monopólica, agudizada en tiempos de crisis sanitaria y de pandemia. Esto viene a determinar la agonía del sector cooperativo que sobrevive en condiciones muy desiguales desde el punto de vista de la competencia, y el privilegio una vez más al monopolio del transporte de la empresa CUTSCA -dirigida por el emblemático Salgado, hombre pegado íntimamente a toda esa estructura de poder del gobierno anterior y también de este; recordemos que fue nombrado asesor del ex Presidente Vázquez.

 

 

Subsidio sí, pero con destino social

 

 

La IM, ente que debe regular el transporte, que es el dueño de la frecuencia -porque las frecuencias son municipales y por tanto también son revocables si la Intendencia tiene la voluntad de hacerlo-, ha tenido en materia de transporte una actitud irresponsable. Y lo decimos con toda propiedad, porque la IM lo que ha hecho es destinar millonarias cifras de dinero público al subsidio empresarial. Sin ese subsidio el transporte no existiría -se nos dice-… Sí, claramente; ahora, nosotros estamos a favor del subsidio a la población que utiliza el transporte, un subsidio para montar un sistema de transporte al servicio de los sectores populares y no un subsidio que va directamente a las arcas empresariales -muchas veces sin el más mínimo control efectivo de la Intendencia y de la población, de adónde va a parar el dinero de todos los montevideanos.

 

Por otra parte, ¿a qué situación nos enfrentamos la población que utiliza el transporte, los trabajadores que nos subimos a los ómnibus todos los días? Pagamos uno de los boletos más caros del mundo y el más caro de la región, para viajar en condiciones más propias del transporte animal que el de seres humanos -por lo menos en determinadas horas-; tenemos un servicio crecientemente ineficiente, que determina que -sobre todo en los horarios nocturnos- volver a los barrios de la periferia se convierta en una verdadera odisea.

 

 

Situación crítica

 

 

Baja la venta de precio del boleto por un conjunto de razones: ahora por la pandemia, también por la crisis y el desempleo creciente… pero también porque hay un conjunto de sectores sociales que producto de la ineficiencia del transporte abandona el transporte colectivo. Y utilizan otras modalidades como la bicicleta, la moto, caminar incluso, producto de la propia ineficiencia; porque si un transporte eficiente, puntual, barato, en condiciones, la gente volvería -naturalmente- al transporte público como ocurre en buena parte del mundo desarrollado, donde la gente incluso que posee automóvil particular elige el transporte público.

 

Además tenemos un verdadero atraso en materia de transporte, de adecuación a los nuevos tiempos. Seguimos pensando en el transporte como en la década del ’60; y hoy tenemos una ciudad con un transporte automotiz infinitamente mayor al que teníamos en la década del ‘60 y por lo tanto el desplazamiento son más lentos en el transporte colectivo, eso complica la operativa del transporte. No se han pensado inteligentemente modalidades alternativas, multimodales -el transporte eléctrico, el tren urbano, otras modalidades del transporte que se implementaron en el mundo- que contribuyen a la eficiencia, a un transporte menos contaminante, a un transporte más confortable y al mismo tiempo economizar el transporte.

 

 

Responsabilidad, resistencia y alternativa

 

 

Por tanto en esta crisis hay un responsable central que es la IM y el gobierno nacional, que no han sabido regular con perspectiva de interés social el transporte, y surge con toda claridad una propuesta que favorece la tendencia monopólica en manos de CUTCSA y le propone a los trabajadores una inadmisible -y yo diría obscena- rebaja salarial.

 

Nosotros aspiramos a que la tradición combativa de los trabajadores del transporte se reavive y enfrenten decididamente esta inadmisible rebaja salarial del 7,5% que le ofrece la IM, que es como el tiro de gracia al sector cooperativo.

 

Y hoy surge con más claridad que nunca -así lo plantean trabajadores del transporte- que no hay posibilidades de recuperarse de esta situación sino es a través de una intervención decidida que reforme estructuralmente la concepción que se tiene el transporte. Por tanto hoy aparece la idea de municipalizar el transporte como una urgencia concreta para resolver estos problemas; no solo los problemas de los trabajadores, sino los problemas de la población para tener un transporte de calidad.

 

 

Lo que fracasó fue la privatización

 

 

Al fundamentar su propuesta en los medios de comunicación, Eduardo Rubio ha destacado que en buena parte del primer mundo donde el transporte público es eficiente y económico, el sistema está en manos estatales. Pero no hay que cruzar océanos para encontrar experiencias municipales; bastan los menos de 500 kilómetros que separan la capital con el departamento de Salto.

 

Montevideo conoció la experiencia de AMDET (Administración Municipal de Transporte), un transporte en manos municipales, que cuando en tiempos de Dictadura se instala abiertamente el modelo neoliberal y se promueve la desregulación de los servicios públicos, se comienza a facilitar de alguna manera el desprestigio de la empresa municipal para abrir paso a la privatización total del transporte. Esto pasa también con otras empresas públicas también: se asocia la idea de lo público es ineficiente, no rentable, lento… y lo privado como eficiente.

 

La realidad demuestra otra cosa, pero ciertamente se fue intencionalmente haciendo quebrar AMDET, volviéndolo cada vez más ineficiente para justificar la privatización total del sistema de transporte y (posteriormente) la privatización monopólica del sistema de transporte, que es lo estamos presenciando hoy.

 

 

Remunicipalizar, planificar e invertir

 

 

No alcanza con municipalizar el transporte en las condiciones que hoy está, aunque eso significaría un avance extraordinario en la situación actual; sino que hay que invertir decididamente en nuevas unidades, en la mejora de la estructura vial, en el privilegio del transporte público por encima del vehículo particular.

 

Hay que desestimular el uso del vehículo particular en zonas que se hace inadmisible el número de vehículos. Hay zonas de Montevideo, por ejemplo en el Municipio CH, donde hay horarios que se demora menos yendo caminando de un lado a otro que en un vehículo; ¡esto es un verdadero absurdo de la sociedad del automóvil y del mundo modelo! Ahora, nadie va a dejar su auto en su casa si no sabe a qué hora pasa el ómnibus, si el ómnibus le va a parar, si después de las 10 de la noche no va a poder volver a su casa, etc.

 

Entonces hay que invertir mucho, e incluso invertir en tecnología. Invertir en tecnología no quiere decir simplemente “hoy tenemos un sistema STM que nos permite saber dónde está cada ómnibus, un monitoreo, etc.”. Hay que utilizar esa tecnología para integrar el transporte por ejemplo a una red de transporte eléctrico, una coordinación con el tren urbano… siempre se discutió la posibilidad del transporte subterráneo: bueno, habrá que verlo.

 

Ahora, que en el siglo XXI y habida cuenta del formidable avance de la revolución científica tecnológica, no seamos capaces de pensar sistemas alternativos de transporte -insisto- menos contaminantes, más eficiente, más limpio, más barato, es algo inadmisible.

 

Yo coincido en que hay que municipalizar porque esta es la esencia de la concepción que tenemos nosotros de transporte como un servicio público, pero al mismo tiempo también hay que invertir decididamente.

 

Se nos dirá ¿dónde están los recursos? Bueno, los recursos tienen que estar porque las necesidades hay que cubrirlas; y además porque la Intendencia de Montevideo es la que más recauda en el país y ha destinado cifras importantes de recursos a atender necesidades que no son precisamente las necesidades fundamentales de la población de este departamento, y una de ellas es la de un transporte de calidad, eficiente y barato.

 

 

Para la gente, con los trabajadores

 

 

Cualquier proceso de reestructura, reforma o de estatización implica transformaciones y cambios al orden establecido. En el transporte capitalino además de la comuna conviven empresarios, trabajadores dependientes, y cooperativistas o propietarios “de partes” que conjugan su capital con la posibilidad de ganar su salario. Desde la concepción de Unidad Popular, ninguna transformación se puede llevar adelante sin la participación activa de los trabajadores organizados.

 

En primer lugar, una municipalización del transporte debe asegurar los puestos de trabajo existentes y las condiciones de trabajo actuales, es decir, el salario de los trabajadores. Hay que reintegrar a la municipalización a los trabajadores que hoy existen en el transporte.

 

Por otro la do -y esto ya es más complejo- hay precisamente un sector del movimiento cooperativo que comparte esa doble condición -algunos trabajadores de CUTCSA también- de trabajadores y partepropistas de su unidad. Es una situación bastante compleja, porque la realidad va determinando que el monopolio hace que los cooperativistas vayan perdiendo el capital invertido -muchas veces terminan fundiéndose y perdiendo lo poco que pusieron para comparar su trabajo, a veces con la garantía de la propiedad de la casa que heredaron o de su familia, en fin, para conseguir el préstamo para comprar ese trabajo.

 

Aquí hay que estudiar con la participación decidida de los propios trabajadores, cuál alternativa está planteada.

 

Ahora, por la vía de los hechos y si vemos lo que pasa hoy, ese capital lo van a perder igual. Producto de la crisis, lo están perdiendo todos los días y lo más probable es que terminen en una situación de endeudamiento aún mayor a la que tenían cuando decidieron comprarse su trabajo.

 

Por tanto: integrar a la municipalidad a todos los trabajadores, garantizar las condiciones del trabajo y el salario, y pensar con la participación de los trabajadores qué tipo de transporte precisamos.

 

No se puede transformar esta sociedad en favor de las grandes mayorías, ni tampoco la ciudad, sin una participación activa y decidida de los trabajadores que se apropien de un programa de transformación.

 

Hoy los trabajadores del transporte ya entendieron que este sistema lo que conduce es a la bancarrota; hay que pensar con ellos otro sistema. Y hoy son los propios trabajadores del transporte cooperativo que están planteando la necesidad de la municipalización o de una intervención distinta del Estado, no en favor de los monopolios sino en favor de las necesidades de los trabajadores y los sectores populares.

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