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Columna Sin bajar la guardia

22/03/2020

 

Por Gonzalo Abella

 

Nunca la injusticia social es más dolorosa que cuando acontecen catástrofes tales como una pandemia. Para no renunciar a la lucha por una Sociedad diferente, debemos mantener el contacto y la organización. Debemos respetar, sí, las orientaciones lógicas, pero no transformarnos en meros receptores del mensaje oficial.
La reflexión debe ser, más que nunca, un arma de lucha. Es buen tiempo para recordar la historia de nuestra propia gesta revolucionaria desde el tiempo de Artigas. Ahora, por ejemplo, cuando se afirma que “democracia es alternancia de partidos”, debemos recordar que la democracia popular artiguista no era pluripartidista: se basaba en la representatividad directa de los pueblos y provincias. En la construcción colectiva de la doctrina artiguista, y en su práctica, como en toda revolución radical, se expresan como caso singular las leyes generales de la dialéctica de la revolución en general. Su alianza inicial con la Masonería porteña, desde el comienzo, fue una unidad que encerraba una lucha de concepciones diferentes, que se hicieron antagónicas cuando se agudizó la lucha de clases. Sin embargo, para la forma jurídica de la federación de Pueblos Libres, se adoptan algunos principios legislativos que esa misma Masonería había desarrollado. La negación a la Masonería como ideología, como partido de la burguesía mundial, es una negación negada en parte por la adopción de algunos de sus preceptos institucionales. ¿Es una vuelta atrás? No. La organización social propuesta es antagónica con la elitista - masónica, pero recoge y asimila lo bueno, lo novedoso del pensamiento adversario, lo que tuvo en su momento de progresivo frente al Absolutismo. Pero lo utiliza en un nuevo contexto cuando reclama el uso social de la tierra, el gobierno popular y el internacionalismo.
Lo mismo acontece con la UP, heredera del artiguismo como doctrina. En el siglo XX, el Batllismo fue expresión de la burguesía nacional. Aceptando las reglas internacionales de juego del imperialismo, desmarcándose de procesos soberanos como el de Pancho Villa, Zapata o Sandino, sin embargo buscó una fuerte presencia del Estado al servicio de los capitales nacionales. Después llegó el Neoliberalismo, que es el liberalismo en el tiempo de las trasnacionales. El Neoliberalismo desmontó el aparato estatal siguiendo los dictados del Banco Mundial. Ahora la UP levanta las banderas de la recuperación de las funciones del Estado. La pandemia pone en evidencia más que nunca esa necesidad. Cuando una epidemia llega a un país de organización estatal desarrollada, nadie teme por su empleo, nadie queda afuera. En tiempos donde sobrevivía aún la obra del último batllismo, las inundaciones de 1959 fueron un ejemplo de ello. Aún en un estado capitalista, las estrecheces se comparten mejor si el Estado es fuerte y cuenta con políticas sociales amplias. Fíjense en cambio el dolor que produce y va a producir la privatización actual cuando decrezca el pico de la pandemia y miremos la nueva realidad social. Ante la miseria, este Gobierno será brutalmente inflexible.
Cada programa departamental de la UP plantea la remunicipalización del transporte. Que cada trabajador del transporte piense si se siente más seguro en la actual situación o en una donde el transporte fuera estatal.
No proponemos una vuelta al Batllismo. Negamos del batllismo como doctrina, porque la nuestra es la de los trabajadores; pero nuestra negación no es absoluta, sino dialéctica. La nueva sociedad que impulsamos, que llegará inevitablemente, tendrá los mejores elementos de los regímenes anteriores, pero ahora al servicio del pueblo organizado y vigilante.  Engendrar la nueva Sociedad, como engendrar un hijo, exige hacer el amor. El embrión humano, antes de ser feto, reproduce formas similares a una lagartija, y después a un primate velludo, recapitulando estadios anteriores de la Evolución. El feto finalmente supera, ya como ser plenamente humano, todas estas formas anteriores. Lo mismo pasa en el cambio social. En las primeras fases de la nueva sociedad veremos reaparecer experiencias de tiempos anteriores, que serán parte del andamiaje fundamental para el edificio del pueblo.
Sin bajar la guardia, es bueno hacerse un tiempo para pensar en estos temas.

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