Editorial: Este PIT ojea, Lacalle Pou va a la raíz

14/01/2020

En esta época estival, mitad de enero, donde hay poco o nulo funcionamiento político – parlamentario – sindical – social, se pueden observar y analizar con más tiempo y detalles, acontecimientos que marcan la vida del mundo.
Por ejemplo, el titular de Justicia de Irán, Ebrahim Raisi, llamó a examinar en los tribunales internacionales el asesinato del general iraní Qasem Soleimani para llevar al presidente de EEUU, Donald Trump, ante la justicia.
Esto no es un hecho menor, más allá de los resultados que esto tenga, en realidad vuelve a poner en el tapete la necesidad de investigar al principal responsable de un ataque criminal e ilegal, fuera de su propio país, al tercer dirigente político nación de un país de 80 millones de habitantes reconocido a pleno por la ONU.
Estimado lector, las líneas que siguen tienen que ver con Libia, un país con enormes recursos naturales, con una armonía no perfecta pero consensuada entre costumbres ancestrales, etnias, líderes religiosos de sus millones de habitantes y sus líderes.
Actualmente en Libia, hay una dualidad de poderes; el Gobierno interino, que controla la parte oriental del país junto con el Parlamento, y el Gobierno de Unidad Nacional en Trípoli (noroeste), avalado por la ONU.
A principios de abril 2019, Libia entró en una nueva espiral de violencia después de que el Ejército Nacional al mando del mariscal Jalifa Haftar empezara una ofensiva para liberar a Trípoli de “terroristas”.
Las fuerzas leales al Gobierno de Unidad Nacional respondieron con la operación Volcán de Ira contra las tropas de Haftar.
Libia continúa sumida en una crisis desde que el derrocamiento de su líder histórico, Muamar Gadafi, en 2011, que derivó en violentos enfrentamientos entre facciones rivales, el surgimiento de grupos yihadistas y de mafias que se dedican al tráfico de migrantes irregulares de África a Europa.
Debemos recordar, informarnos, analizar el papel de la señora Hilary Clinton como secretaria de Estado del gobierno de Obama.
Fue EEUU quien organizó, apoyó, armó, instruyó, financió a los grupos terroristas de la región, para quedarse con el petróleo de la zona y dividir a Irán.
Lo mismo hicieron estos grandes farsantes mafiosos en Chile, cuando decidieron derrocar y matar a Salvador Allende.
Es el imperialismo norteamericano, sus aliados como en su momento fue Inglaterra – Francia; crean las guerras, dividen países, dividen pueblos, romper organizaciones sociales para reinar a placer.
En nuestra región J. Bolsonaro y L.A. Lacalle Pou, con matices apuntan a mayor flexibilidad laboral e impositiva, que dejará sin defensas a la ya decaída industria nacional y cada vez más expuestos a los trabajadores.
Los ataques indisimulados de altos dirigentes del “actual FA” al gobierno de Venezuela, servirán de alfombra roja para que desde el barrio privado que bordea Canelones - Montevideo, ahora trasladado a Suárez y Reyes, se apresten a la ruptura patriótica, democrática.
Dirigentes de “este PIT” ven con “cierto alegrón” la llegada de Lacalle Pou, diríamos con paz emocional. Eso sí, muchos de ellos hace más de 20 años que no trabajan; viajan, tienen buenos viáticos, realizan cursos y conferencias en Israel, España y EEUU. En realidad son funcionales al imperialismo.

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