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Columna: Por qué voté en blanco

03/12/2019

Por Gonzalo Abella*


En las elecciones internas previas a las nacionales irrumpió el partido Cabildo Abierto con 40.000 votos. Es una organización fascista con fachada de partido político. Definirlo como fascista no es un agravio, sino acudir a una conceptualización científica ya empleada en los años treinta, que debemos al búlgaro Dimitrov, por entonces Presidente de la Tercera Internacional.
El fascismo es un movimiento férreamente centralizado, que tiene como objetivo la dictadura terrorista del Capital y que en su fase de ascenso se disfraza de demagogia y populismo. Hasta puede tener la fachada de un partido respetuoso de la institucionalidad burguesa, y hasta con capacidad asistencialista. Crece en la crisis, usa la angustia de los más pobres y, en su fase de ascenso, denuncia la corrupción. Su versión “nazi” usó la palabra “socialismo”; su versión maninista usa un disfraz “artiguista”. En la coalición ahora victoriosa, va a crear problemas, porque sirviendo al mismo Amo extranjero, sus métodos no son plenamente neoliberales en lo Económico financiero.
Intuitivamente, muchos ciudadanos que iban a votar partidos menores o a anular su voto, volvieron a apoyar a la Socialdemocracia de Derecha que nos gobernaba. No es que olvidaran la entrega a UPM, la extranjerización de la tierra, las cianobacterias, la Ley de Riego, la destrucción de la industria nacional, la baja en la calidad educativa. Simplemente optaron por lo que pensaron era el mal menor.
Hoy al imperialismo le sirve más el neoliberalismo del Dr. Lacalle, o el de Astori, que el fascismo. Prefiere los capataces directos, porque no hay un pueblo suficientemente organizado, con un programa propio, y entonces sólo hay que mantener el rumbo ya fijado. El FA ha sido y será (si vuelve al Gobierno) tan guardián y promotor de la entrega a las trasnacionales como esta coalición. Para reprimir las luchas, por ahora, alcanza con los recursos constitucionales, interpretados sesgadamente desde la derecha tradicional.
Ante el fascismo, hay que forjar desde ya la mayor amplitud para enfrentarlo. Habrá que estar hombro con hombro con sectores de otras tiendas, y por supuesto con la militancia del FA, que demostró su potencialidad cuando finalmente fue convocada.
Pero la necesaria unidad no significa ser furgón de cola del oportunismo, el mismo que dio vida a Manini, el mismo que se negó a anular la Ley de Impunidad, el mismo que extranjerizó y contaminó la Patria como nadie antes. Unidad sí, la más amplia; sumisión no. Unidad en torno a un programa democrático y al control popular de su cumplimiento, sí; pero jamás entregar la dirección, ni darles un cheque en blanco, a los que fueron capaz de traicionar su propio Programa.
*El maestro Gonzalo Abella es dirigente nacional de Unidad Popular y fue su candidato a la presidencia de la República en las elecciones nacionales de 2014 y 2019.

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