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Mensaje del Ayatolá Alí Jamenei a los peregrinos del hach [2019]: Repudio al belicismo y terrorismo de EEUU y sus Aliados

13/08/2019

 

Es este mensaje el Ayatyolá Jamenei señala  que en este momento la celebrfación del hach (peregrinación a la Meca) ,  tiene como objetivo manifestar el repudio a “los incrédulos y arrogantes”, con Estados Unidos a la cabeza, significa repudiar las matanzas de inocentes y el belicismo; significa la condena de los núcleos del terrorismo como Daesh o el Blackwater estadounidense; significa el clamor de la nación islámica contra el régimen infanticida del sionismo, contra sus patrocinadores y contra quienes lo ayudan; significa la condena del belicismo de Estados Unidos y sus colaboradores en la delicada región del oeste de Asia y el norte de África, que ha llevado a su culmen el dolor y el sufrimiento de las naciones, a las que cada día impone nuevos y gravísimos suplicios; significa el rechazo al racismo y la discriminación basada en la geografía, la raza y el color de la piel; significa el rechazo a la actitud arrogante y perversa de las potencias invasoras y sembradoras de discordia frente a la nobleza, la virtud y la justicia a la que llama —a todos— el Islam”.
Pone la causa palestina como uno de los objetivos más importantes y denuncia el “acuerdo del siglo”, urdido por EEUU e Israel para seguir oprimiendo al pueblo palestino.
 

 

A continuación transcribimos los temas principales del mensaje del Gran Ayatolá Seyyed Ali Jamenei, Líder Supremo de la Revolución Islámica, dirigido a los peregrinos del hach, la gran peregrinación anual de los musulmanes hacia la ciudad santa de La Meca.
 “…Todos los años, la temporada del hach es el momento y lugar donde se dan cita la misericordia de Dios con la nación islámica (ummah). La convocatoria coránica «Y llama a la gente a la peregrinación» (Corán 22:27) es una invitación —para el mundo entero a lo largo de la historia— a disfrutar de esa misericordia, de modo que gocen de sus bendiciones tanto el corazón y el alma que buscan a Dios como la visión y el pensamiento que buscan la sapiencia de las bendiciones, y que cada año lleguen a todo el Mundo Islámico las lecciones y enseñanzas de la peregrinación [a la ciudad santa de la Meca], por medio de diversos grupos de gente.
 En el hach, el elixir del recuerdo y la adoración [a Dios] —que son el elemento fundamental de la educación, el progreso y el elevamiento del individuo y la sociedad—, así como el hecho de estar reunidos y unidos simbolizando la unicidad de la nación islámica (ummah), junto con el movimiento en torno a un centro único y en una trayectoria hacia un objetivo común —que es el secreto del esfuerzo y la actividad de la nación islámica basados en [la afirmación] de la unicidad divina— y junto con la igualdad de cada uno de los peregrinos y la ausencia de distinciones —que simbolizan la eliminación de las discriminaciones y la igualación de las oportunidades—, son una muestra en pequeño del compendio de los principios esenciales de la sociedad islámica. Cada uno de los rituales del hach, ya sea el estado de sacralización (ihram), la circunvalación (tawaf), el trote entre Safa y Marwa (sa’ay), la estación  (wuquf), la lapidación del demonio (ramy), el movimiento o la quietud, es una evocación simbólica de la imagen global de la sociedad ideal deseada por el Islam.
 Los logros y resultados vitales de esta gran peregrinación —que no sería posible ni aun con cientos de reuniones oficiales y ordinarias— es el intercambio de saberes y haberes entre personas de diversos países y regiones, alejadas unas de otras, la transmisión general de información, experiencias y noticias sobre la situación en que se encuentran unos y otros; la aclaración de malentendidos, el acercamiento de los corazones y la posibilidad de aunar capacidades para hacer frente a los enemigos comunes.
 El ritual del repudio, que expresa el rechazo a la crueldad, la opresión, la vileza y la corrupción de los arrogantes [déspotas] de todas las épocas; así como la resistencia ante la coerción y la extorsión de los arrogantes [déspotas] de todas las épocas, es una de las grandes bendiciones del hach y una oportunidad para las naciones oprimidas musulmanas. En la actualidad, manifestar el repudio al «frente de la idolatría e incredulidad de los arrogantes», con Estados Unidos a la cabeza, significa repudiar las matanzas de inocentes y el belicismo; significa la condena de los núcleos del terrorismo como Daesh o el Blackwater estadounidense; significa el clamor de la nación islámica contra el régimen infanticida del sionismo, contra sus patrocinadores y contra quienes lo ayudan; significa la condena del belicismo de Estados Unidos y sus colaboradores en la delicada región del oeste de Asia y el norte de África, que ha llevado a su culmen el dolor y el sufrimiento de las naciones, a las que cada día impone nuevos y gravísimos suplicios; significa el rechazo al racismo y la discriminación basada en la geografía, la raza y el color de la piel; significa el rechazo a la actitud arrogante y perversa de las potencias invasoras y sembradoras de discordia frente a la nobleza, la virtud y la justicia a la que llama —a todos— el Islam.
 Todo esto es apenas una parte de las bendiciones del hach abrahámico a las que nos invita el Islam puro [del Profeta Muhammad y su descendencia purificada (PB)], que es el símbolo en el que se manifiesta una parte importante de los ideales de la sociedad islámica, representada cada año de manera gloriosa y significativa por multitudes de musulmanes al organizar el hach, que elocuentemente y al unísono nos exhorta a todos a esforzarnos para crear tal sociedad.
 Los individuos más destacados del Mundo Islámico —algunos de los cuales, de diversos países, están ahora mismo presentes en las ceremonias del hach— cargan sobre sus hombros una pesada y gran responsabilidad. Son ellos quienes, con su determinación e iniciativa, deben transmitir esas lecciones al conjunto de las naciones y a la opinión pública, llevando a la práctica esa interacción espiritual de ideas, motivaciones, experiencias y conocimientos.
 Hoy, una de las más importantes cuestiones del Mundo Islámico es la causa palestina, que preside todas las cuestiones políticas de los musulmanes, cualesquiera que sean su escuela de pensamiento doctrinal, raza o lengua. En Palestina se ha cometido la mayor injusticia de los últimos siglos. En ese doloroso proceso se han apropiado de todo cuanto posee una nación: Sus tierras, casas, campos, bienes, honor e identidad. [Sin embargo], con la ayuda de Dios, esa nación no ha aceptado la derrota, no ha dejado de resistir, y hoy con mayor pasión y valentía que ayer, se mantiene presente, pero para que esa presencia dé resultado se necesita de la ayuda de todos los musulmanes.
 El fraude del «acuerdo del siglo», que están preparando el despótico Estados Unidos y sus traicioneros colaboradores, es un crimen contra el derecho de la sociedad humana, no solo contra la nación palestina. Nosotros exhortamos al mundo entero a actuar para hacer que fracase esa artimaña del enemigo, la cual consideramos que está condenada por el poder divino —tanto esta como todas las demás artimañas del «frente de la arrogancia»— al fracaso ante a la determinación y la fe del frente de la resistencia.
 Dijo Dios Todopoderoso: «¿O es que quieren preparar una trampa? Pues, los que tratan de ocultar la Verdad son quienes caen en la trampa» (Corán 52:42)
 Dios es el Veraz, el Altísimo, el Inmenso. Ruego a Dios por el éxito, la misericordia, la salud y la aceptación de todos los actos de adoración de todos los respetables peregrinos.
 Seyed Alí Jameneí

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