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Los compañeros en nuestra memoria

12/08/2019

RODRÍGUEZ MUELA, Nelson Santiago, "El Charla". Muerte: 11/8/72- Asesinado en Uruguay.
Casado, trabajador de ANCAP, estudiante y militante social.
A fines de julio se había realizado una asamblea sindical por la detención que sufrían 10 trabajadores de ANCAP y allí Santiago -nombre por el que lo reconocían sus conocidos- había hecho uso de la palabra para plantear la necesidad de movilizarse con firmeza por los compañeros presos, propagandear masivamente la situación y cambiar radicalmente las formas de reclamar por su libertad.
Varias anécdotas hablan de su forma de ser, Ramón Tremensano,  compañero de trabajo en ANCAP, relata lo siguiente: Era un tipo raro y te aclaro por qué: ahora, que hay tanto egoísmo en todos lados, tanto pensar en uno mismo, que cuando encontramos un ser humano capaz de compartir lo poco que tiene, nos resulta medio raro.
Era un ser humano bueno a carta cabal. Muy reflexivo y sabía dialogar. Recuerdo que había un gerente muy podrido, muy sinvergüenza. Un día lo mandan a Santiago a llevarle un libro. Llega, golpea la puerta y el gerente le dice «espere».
Estuvo una hora parado esperando que este buen señor lo recibiera. Cuando se le ocurrió lo atendió. Yo le dije pero Santiago, ¿cómo no armaste un poco de escándalo, cómo dejaste que te tuviera parado ahí? Y el flaco me miró y me dijo: «No ¿para qué? El se cree que es mejor que yo porque me estuvo haciendo esperar y no se da cuenta que el idiota es él, que me estuvo haciendo perder una hora de trabajo. El es el que me tiene que hacer rendir a mí y no al revés".
Su compañera mostraba otras facetas de la personalidad de Santiago al relatar "El último tiempo lo vivimos en una casita pasando Aparicio Saravia, atrás del barrio Borro. La habíamos arreglado y estábamos muy a gusto allí. Éramos muy felices. Teníamos una gran relación con los vecinos. Sentían un gran afecto por él porque siempre estaba hablando con ellos. Si alguien venía a pedir un poquito de yerba, intentábamos poder darle; cuando se enfermaba algún vecino, él se preocupaba por dar las vueltas, encontrar algún compañero para que lo atendiera, ver dónde se podían conseguir los remedios. Los domingos salía a jugar al fútbol. La puerta de casa siempre quedaba abierta y nunca nos faltó nada a pesar de ser un barrio muy carenciado, al contrario. Una vez vino con unas semillas de zapallo que le habían traído de China y las repartió entre varios vecinos. La cosa es que las plantas empezaron a crecer y dieron unos zapallos gigantes y bien amarillos. Desde ese día no sólo nos dejaban zapallo en la puerta en un canastito, sino también otras verduras y huevos".
Este Santiago es el que el 11 de agosto del 72 cuando se realizaba una reunión de padres, estudiantes y profesores en el local del Liceo 8, y al irrumpir una banda fascista armada, enfrentó a la patota con lo que encontró a mano, intentando defender al liceo y a sus compañeros.
La superioridad numérica, las armas de grueso calibre, la impunidad para actuar, permitieron que los asesinos lo acorralaran contra una pared y lo balearan por la espalda con toda cobardía.
Si bien la patota de aproximadamente 40 personas actuó con toda impunidad, la reacción de quienes fueron atacados y la dimensión que adquirieran los hechos obligó a las FF.CC. a detener a algunos de los agresores que de todos modos fueron puestos en libertad casi en forma inmediata.
Dijo su padre, José Rodríguez: "Es un orgullo para mí todo lo que hizo mi hijo. La conducta que tuvo. Le encantaba el fútbol y era un fenómeno como arquero. También le gustaba la música y enseñar a los niños.  Aprendió a tocar el acordeón a piano y la guitarra. Era muy compinche con su hermana. Un día el sinvergüenza que mandaba más cuando lo tenían preso me dijo «tenga cuidado que a su hijo se lo van a matar». Yo no me olvidaré nunca ni de esa cara ni de esa frase.
¡Se imaginan cómo me sentí yo cuando me enteré que algunos amigos le aconsejaron a mi hijo que no fuera esa noche al liceo porque la cosa venía fea y él les respondió «el que abandona la lucha es un cobarde»?
¡Así era mi hijo! Defendió el liceo con su sangre, pero cumplió. Quedó todo impune, pero yo sé los nombres de todos los asesinos. Conocidos "jupistas", un actual ministro, el hijo de un ex-ministro, el nieto de un general, un conocido comisario, una profesora, integran la lista de personas que de una u otra manera estuvieron involucradas en este asesinato.
Se estima que más de 200 mil personas participaron en el sepelio de Santiago.
Está de más decir que el crimen de Nelson Santiago Rodríguez Muela permanece impune.

 

PEREZ LUTZ, José María "Goyo". Muerte: 11/8/72.
Tenía 27 años.
En base a declaraciones de detenidos que daban cuenta de una cita que mantendría Pérez Lutz en Gral. Flores y Luis A. de Herrera, concurren las fuerzas represivas. "Goyo" -que estaba acusado de integrar el comando que ajustició a Delega y Leites- emprende la retirada cubriéndose a balazos y fue muerto en el lugar.
 

GARCIA, Anselmo. Muerte: 12/8/74- Enfermedad.
Empleado del Banco de Seguros en Montevideo; dirigente del sector obrero del PCR, militante del Partido Comunista, fue arrestado y torturado dos veces. Cuando finalmente fue puesto en libertad en agosto de 1974, viajó a Buenos Aires pero falleció poco después, según se denunció, a consecuencia de las graves torturas a que fue sometido.
"El Negro" se destacaba por su bondad con el pueblo así como por su odio contra la injusticia, contra el imperialismo, la oligarquía y toda forma de explotación y represión.
Soportó la tortura con entereza aguantando más allá de su razón y su físico, a todo corazón.
Cuentan los presos internados en el Hospital Militar que "El Negro" estaba profundamente dolorido por una lesión en la columna vertebral y muchas veces el dolor era tan fuerte que le hacía perder el sentido. Durante varias noches se escuchaban en la sala sus palabras, que salían como disparadas una tras otra queriendo reafirmar públicamente el compromiso personal con su pueblo. "Morir por el pueblo es una muerte digna" "Servir al pueblo hasta la muerte" se le oía gritar. Fundamentaba su actitud ante la tortura porque "Si no hubiese sido así, no podría mirar a nadie a la cara, y sin mi gente ¿de qué me sirve la vida?
García siempre fiel a su actitud de estar en primera fila, fue víctima de las balas policiales en una manifestación efectuada en 1968.
Era combativo, claro, simple y confiaba mucho en la respuesta del pueblo.  
Las torturas recibidas no lograron mellar en lo más mínimo su moral aunque sí hipotecaron su vida provocándole daños físicos irreparables que lo llevaron a la muerte cuando contaba con 35 años de edad.
Cuando llegó la noticia de su fallecimiento, en los avisos fúnebres se impidió hacer referencia alguna a quién era Anselmo García, por lo que tuvo que ser divulgada en el mano a mano. Aún así, más de un millar de bancarios acompañaron sus restos al Cementerio del Buceo, llevando a pulso el féretro desde tres cuadras antes.

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