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Sesión especial por el Día Mundial del Medio Ambiente: Tenemos plena convicción de que no se puede continuar con este modelo del agronegocio

14/07/2019

 

 Carlos Pérez, diputado alterno de Unidad Popular, expresó en Cámara: “Existen alternativas absolutamente viables a este modelo de producción, y, por supuesto, confiamos plenamente en la capacidad de nuestro pueblo para transformarlo”.

 

En la tarde de ayer se realizó una mesa redonda en el Paraninfo de la Universidad con referentes ambientales de los partidos políticos que participarán en las próximas elecciones de octubre, acerca de la instalación de UPM2 que promueve el gobierno.

 

Unidad Popular estuvo representada por Carlos Pérez, integrante de su bancada parlamentaria y postulado como candidato a Diputado en el departamento de Maldonado por la Lista 326.
Pérez, suplente del diputado Eduardo Rubio, ha tenido una destacada participación en Comisiones y el Pleno de la Cámara de Representantes, particularmente en el abordaje de las problemáticas vinculadas a la lucha ambiental desde una mirada de izquierda, planteando los desafíos y aproximándose a salidas desde una perspectiva de liberación nacional, soberanía y enfrentando al modelo de los organismos internacionales que están destrozando nuestro planeta y al gobierno uruguayo que aplica estas políticas en nuestro país. Atendiendo los reclamos de la sociedad civil organizada, elaborando proyectos y enfrentando sin vacilaciones al coro monocorde del progresismo y los partidos tradicionales, siendo por ejemplo el único fundamento y voto contrario a la Ley de Riego, advirtiendo todas y cada una de sus consecuencias, basándose en evidencia académica y apoyándose en la comunidad científica y social, y revelando el origen de la Ley de Riego en un trabajo mancomunado del entonces ministro Aguerre con el Banco Mundial.
En la víspera a la actividad, Carlos Pérez hizo uso de la palabra en la Sesión Especial del Parlamento con motivo del Día Mundial del Medio Ambiente. En su intervención, Pérez dio un panorama global de la problemática del medio ambiente, para luego profundizar en la realidad de nuestro país.
El legislador carolino vinculó cada uno de los aspectos, incluido la instalación de UPM2, a la lucha en defensa del medio ambiente lo que significa indefectiblemente enfrentar al modelo imperante del agronegocio y proponer las alternativas, tan viables y posibles como necesarias y urgentes. En ese sentido Pérez señaló que en la actualidad “apicultores y abejas son la vanguardia nacional en la lucha por la defensa del medio ambiente”, y que “no es posible la coexistencia de este modelo de agronegocio con la apicultura y la producción de alimentos”.
A continuación, su intervención completa.

SEÑOR PÉREZ (Carlos).- Señora presidenta: agradezco a todos los integrantes de la Cámara por honrarnos con la posibilidad de realizar esta intervención.
Como se trata de un día mundial, intentaremos dar un panorama global relativo a la situación del medio ambiente. Por diversos motivos -entre ellos, tiempo y dificultad para acceder a otras fuentes-, hemos tomado prácticamente una única fuente documental del fotógrafo y ambientalista francés Yann Arthus-Bertrand, quien realizó un documental que publicó en 2009 denominado Home. En aquel momento, este ambientalista nos decía que teníamos pocas décadas para cambiar nuestro modo de vida.
Si tomamos esa fuente -que se documenta con fotografías aéreas de más de sesenta países, con información científica para su descripción-, debemos empezar diciendo que la vida en nuestro planeta surgió hace unos 4.000.000.000 de años -los tiempos en la naturaleza debemos medirlos en miles de millones de años- y que el homo sapiens -el ser humano- tiene solo 200.000 años. Sin embargo, hereda de la naturaleza esos 4.000.000.000 de años de evolución. Aún hoy, una de cada cuatro personas obtiene la energía de la naturaleza como lo hacía el ser humano hace unos 6.000 años. Además, la agricultura -que moldeó nuestras civilizaciones y nuestras ciudades- solo tiene sobre el planeta Tierra 10.000 años. Y todavía hoy sigue siendo el primer oficio del mundo, ya que la mitad de la humanidad se dedica a la agricultura. Cabe aclarar que tres cuartas partes de esa población continúa haciendo a mano la actividad agrícola.
Con la aparición del petróleo, el ser humano en los últimos cincuenta años modificó el planeta Tierra más que toda la humanidad antes. La población mundial se triplicó, y otras 2.000.000.000 de personas fueron a vivir a las ciudades. La mitad de unas 7.000.000.000 de personas viven en ellas.
Hoy, un litro de petróleo produce la misma energía que cien personas trabajando durante veinticuatro horas. Pero solo el 3% de los campesinos -a nivel mundial- posee un tractor, aunque la producción de ese 3% domina el mercado mundial. Esa producción se transforma principalmente en comida para animales y en biocombustibles. Ese 3% de campesinos que posee un tractor, además, se apropia del 70% del agua que consume toda la humanidad.
Los monocultivos que necesitan de la petroquímica y de los agrotóxicos -que, además, se esparcen en el aire, en los suelos, en las plantas y en los animales- son muy nocivos para la salud. Debido a la agricultura dependiente del petróleo, desaparecieron tres cuartas partes de las variedades que el ser humano seleccionó durante miles de años. En esta agricultura dependiente del petróleo se reemplaza la diversidad o la biodiversidad por la estandarización. Se trata de una agricultura dependiente del petróleo, aunque ya sabemos que el fin del petróleo -por lo menos del petróleo barato- se acerca muy rápidamente. A la fecha de publicación de este documental, ya había 900.000.000 de autos circulando en el planeta.
Debemos agregar que el 80% de esta riqueza subterránea la consume solamente el 20% de la población más rica del mundo. Hoy ya sabemos que con esta explotación absolutamente desmesurada se habrá acabado casi la totalidad de los recursos naturales para fines de este siglo. Por ejemplo, desde 1950, la pesca pasó de 18.000.000 de toneladas a 100.000.000 de toneladas anuales. Esa explotación dio como resultado que tres cuartas partes de las zonas pesqueras del mundo ya estén agotadas o en franco declive. Sin embargo, aun hoy, el pescado sigue siendo el alimento de base para uno de cada cinco habitantes del planeta.
En relación al agua, uno de cada diez grandes ríos del mundo ya no llega al mar durante varios meses del año, pero en algunos de los países más ricos se llega a consumir por persona entre 800 litros y 1.000 litros de agua por día.
Y junto a este consumo de los países más ricos, la escasez de agua para el año 2025 afectará a por lo menos 2.500.000.000 personas.
Solo en el siglo pasado la humanidad desecó la mitad de los humedales, con lo que estos significan para el planeta, lo que ha sido ampliamente reconocido en el mundo por la comunidad científica.
Si pasamos a hablar de las selvas, que albergan tres cuartas partes de la biodiversidad, podemos decir que en los últimos cuarenta años la Amazonia ha perdido una quinta parte de su superficie, y con la asunción de Bolsonaro este ritmo aumentó un 88%.
Otro ejemplo es la Isla de Borneo, que hasta hace veinte años fue una de las mayores reservas de biodiversidad, y se estima que en diez años habrá perdido todo su monte nativo en favor del monocultivo de palma para la producción de aceite de palma que, entre otros productos, se usa para la industria cosmética.
Otro de los ejemplos de deforestación mundial es el eucalipto, que ocupa una superficie que se ha multiplicado por cinco en los últimos cincuenta años, y también podemos citar a la soja transgénica. El eucalipto, que se utiliza para la pasta de papel, y la palma, para aceite de palma, son las principales causas de la deforestación mundial: desaparecen 13.000.000 de hectáreas por año de monte primario o monte nativo, con la consecuente erosión de los suelos, que es otro gravísimo problema mundial.
Sumado a estos problemas, cada semana 1.000.000 de personas va a parar a las ciudades y en estas una de cada seis vive en la más absoluta precariedad, sin acceso a ninguno de los servicios básicos. Ya en el año 2009 se decía que el hambre -junto a toda esta producción de alimentos- estaba afectando a 1.000.000.000 de personas.
La atmósfera se está calentando. La banquisa de hielo del Ártico -que es el hielo que flota sobre las aguas de los mares- ha perdido el 40% de su espesor en los últimos cuarenta años. Ya ese hielo no refleja el sol a la atmósfera; el sol calienta el agua y el calentamiento se acelera. Si se derritiera Groenlandia, el nivel de los mares subiría 7 metros, y se está derritiendo mucho más rápidamente de lo que se creía hace unos pocos años.
El Kilimanjaro, una formación volcánica en Tanzania, África, perdió el 80% de su glaciar. En el Himalaya también se constata el retroceso de los glaciares, que son el origen de todos los grandes ríos de Asia, de los que dependen más de 2.000.000.000 de personas para el agua potable y el agua para riego. Bajo el hielo permanente -llamado permafrost- de Siberia, que también se está derritiendo, se ocultan enormes cantidades de gas metano, que es veinte veces más potente que el dióxido de carbono para el efecto invernadero.
Pasando a nuestro país después de un breve panorama mundial, podemos expresar que hay un sector de la población y unos polinizadores, que son los apicultores y las abejas, que se han constituido en la vanguardia nacional en la lucha por la defensa del medio ambiente. Vienen demostrando esta situación trayendo datos, haciendo denuncias en las comisiones de Salud Pública y Asistencia Social, y de Ganadería Agricultura y Pesca, y planteando estos temas en diversos ámbitos del Poder Legislativo y del Poder Ejecutivo, fundamentando seriamente que de ninguna manera es posible la coexistencia de este modelo de agronegocio con la apicultura, en particular, ni con la producción de alimentos, en general.
Se ha demostrado científicamente la presencia de agrotóxicos en agua, en agua de lluvia y en peces. En nuestro país un estudio demostró que el 96% de los peces tienen presencia de agrotóxicos en sus músculos, en la carne. Por supuesto, se ha constatado presencia de agrotóxicos en alimentos, aunque los últimos datos publicados son del año 2014. A la vez, esta constatación también se ha hecho en el aire y en el suelo.
Los apicultores, por su particular posición, ya que recorren todos los campos del país, están expuestos a los agrotóxicos. Ellos trabajan con un noble polinizador, como lo es la abeja. Hace no menos de dos años que solicitan que se incluya en el carné de salud, por lo menos para los directamente afectados, un análisis de glifosato en orina. Se lo vienen prometiendo, pero hasta el día de hoy eso no se ha podido resolver. Por supuesto que en otras partes del mundo ya se ha constatado la presencia de trazas de agrotóxicos hasta en la leche materna de madres que han estado directamente expuestas a los agrotóxicos.
Este modelo de desarrollo, constituido en una verdadera política de Estado desde hace aproximadamente quince años en nuestro país, basado en cultivos transgénicos, siembra directa, agroquímicos y monocultivo de eucalipto -no le podemos llamar forestación ya que la soja y el eucalipto son dos de las tres principales causas de deforestación mundial-, apoyado en la mecanización y también en los agroquímicos, ha tenido consecuencias nefastas en nuestro país. Enumero algunas de ellas: concentración y extranjerización de la tierra, desempleo, expulsión de los pequeños y medianos productores de alimentos del campo por encarecimiento de la tierra para compra o arriendo de los insumos, pérdida de biodiversidad en los suelos, pérdida de fertilidad y degradación en general. En el agua se ha constatado exceso de fertilizantes, eutrofización, aparición de cianobacterias, bajas sensibles en la pesca  especialmente de variedades autóctonas, aumento en los gastos de potabilización y aumento del 30% de la mortandad anual de abejas, llegando a perderse hasta 170.000 colmenas en un año, que los apicultores hoy recuperan con mucho esfuerzo y muchos costos.
Y, por supuesto, podríamos mencionar todas las consecuencias sobre la salud humana.
En nuestro país, donde se ha liberado el uso de agrotóxicos, no existe una historia clínica epidemiológica ambiental; no hay programas de vigilancia de residuos de agroquímicos ni en el agua, ni en los alimentos, ni en el ser humano, y los últimos datos de analítica sobre alimentos datan, por lo menos, de 2014 y todavía están codificados; no se puede saber qué se dice allí.
A esto le debemos agregar el impacto que tendrá la aplicación de la ley sobre riego -que va a aumentar considerablemente las represas, donde se originan principalmente las cianobacterias, que después desbordan y se esparcen por todos los cursos de agua-, que vino a consolidar este modelo y que tuvo solo un voto en contra en esta Cámara.
También debemos agregarle los impactos que va a tener la tercera planta de celulosa, la llamada UPM 2 que, además de sumar 90.000 hectáreas de eucaliptos, va a volcar una considerable cantidad de efluentes al río Negro -hasta 2 miligramos de fósforo por litro, no pudiendo pasar nunca de 5 miligramos por litro, según dice el contrato-, cuando ya está seriamente comprometido con hasta 90 miligramos de fósforo por litro. Nos dicen que tanto el gobierno como UPM van a colaborar con la calidad del agua, pero cuando uno lee, resulta que lo que van a hacer por la calidad del agua del río Negro es que van a realizar saneamiento en Paso de los Toros y en pueblo Centenario, lo que es ridículo, porque la concentración de fósforo y la eutrofización no se deben solo a eso; esa es una causa muy secundaria.
A estos impactos debemos agregarles la autorización de trigo transgénico resistente a un agrotóxico, glufosinato de amonio, también neurotóxico, gravísimo para la salud, que viene a matar las malezas que hoy ya son resistentes al glifosato.
Más allá de todo el panorama que hemos presentado, no tenemos una visión apocalíptica. Intentamos mirar estos hechos a la cara, presentarlos con información, pero tenemos la más plena convicción de que no se puede continuar por este camino. Existen alternativas absolutamente viables a este modelo de producción, y, por supuesto, confiamos plenamente en la capacidad de nuestro pueblo para transformarlo.
Gracias, señor presidente.
 

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