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Impunidad y desmemoria van de la mano.¿Para qué?

 

 

Historias que sucedieron y permanecen en mi pueblo, Las Piedras, que integran como tantas de otros lados la historia reciente del país.

Recientemente el alcalde de la ciudad contestó preguntas de un periodista de CX 36. Fue un gesto noble que me parece destacable porque no es común. Algunas de sus afirmaciones fueron muy discutibles. Al referirse a las obras del tren de UPM informó que en la zona próxima a la estación de AFE quedaría un espacio libre enjardinado y que sería utilizado para instalar ahí un memorial recordatorio de los desaparecidos en dictadura vecinos de la ciudad. Esto puede generar varias interpretaciones sobre la oportunidad y el lugar, por lo menos.

La ciudad, como también, Canelones, Progreso, 18 de de Mayo y La Paz, va a quedar partida en dos de acuerdo con el trazado de la vía, lo que de por sí es grave. La velocidad, el peso y el contenido tóxico de las cargas previstas agregan peligrosidad al pasaje del futuro tren. Además se aprovecha la ocasión para eliminar la feria permanente, viejo propósito de la administración municipal. Vaya forma de crear fuentes de trabajo el dejar a decenas de personas con un futuro incierto, probablemente desocupados.

Es casi pintoresca la alusión al recordatorio. Porque como la obra se haría dentro de por lo menos dos años, habrán pasado quince, es decir tres administraciones frenteamplistas que nunca recordaron a los desaparecidos.

Es probable que la impunidad esté ligada a algún tipo de acuerdo realizado años atrás por el que un puñado de militares fueron procesados, los después mencionados como “viejos” y no solo el grueso quedó impune sino la mal llamada doctrina de la seguridad nacional fue mantenida.

Con todo lo grave que es la impunidad de quienes cometieron o ampararon o toleraron gravísimos delitos de lesa humanidad, hay además un daño colateral también grave. Porque como no hay culpables no hay víctimas, no hay vidas que reconstruir y conocer.

No es que los detenidos-desaparecidos sean héroes a venerar, es que son protagonistas de causas que en su globalidad están no solo olvidadas sino inconclusas.

De Las Piedras, como típicos pedrenses hay tres casos y los evoco no para llevar agua a algún molino propio, sino para recordar sus trayectorias y el por qué de sus olvidos. Porque la desmemoria, con o sin pacto produce, sigue produciendo efectos.

Omar Paitta, militante sindical y del Partido Comunista. Su nombre fue recordado poniéndole su nombre a una calle, la antigua Paraguay.

Juan Pablo Errandonea Salvia y Fernando Diaz de Cárdenas, estudiantes del liceo Manuel Rosé, integraban la Resistencia Obrero Estudiantil y luego el PVP. No solo quedan en el olvido, sino que en su caso hay una grave y flagrante omisión de distintos estamentos de la autoridades de la enseñanza pública, porque su recuerdo fue, en los papeles, ordenado desde los años en que el doctor Ricardo Erlich fue Ministro de Educación.

Hoy todos los vecinos somos testigos de la triste situación en que transcurre la vida de muchos jóvenes. Hasta se escucha un cierto grado de alarma pública por el panorama que se ve en la plaza después de la caída del sol. Grupos de muchachos y muchachas que pierden el tiempo dedicados a quien sabe qué consumos. Y no mucho más, solo que su aspecto resulta chocante para el mundo adulto. No son un peligro real para nadie, como tampoco lo son todos aquellos que pernoctan a la in temperie en distintos puntos de la ciudad (como en todo el mundo, se consuela una senadora). Son sí en su conjunto un desperdicio de energía humana que debiera sera constructiva para ellos mismos y para la sociedad.

Por eso mismo conviene a algunos ocultar quiénes fueron aquellos desaparecidos, para evitar que su vida pudiera servir hoy de ejemplo.

Hay publicaciones accesibles en internet sobre estos temas. Hoy quiero subrayar una que es por sí elocuente. Entre otras cosas se publican los registros policiales sobre estas personas, de lo que se deduce cuál era su peligrosidad para la sociedad, para el estado y para el gobierno del partido colorado de entonces dirigido por el señor Pacheco.

Fernando Diaz fue detenido en Salto cuando participaba en actividades solidarias con los peludos de Bella Unión, los cañeros que luchaban contra el latifundio de Silva y Rosas, 30000 hectáreas, un escándalo entonces. Tenía quince años.

¿Quién le teme hoy a la posibilidad de que los y las jóvenes que hoy pierden el tiempo en tantos rincones pudieran empezar a preocuparse por los efectos del latifundio, del imperialismo o de cualquier tipo de explotación capitalista?

Los ciudadanos de a pie, cuando vemos a esos jóvenes de aspecto chocante, recordemos que son víctimas también de un sistema que los arrincona y que además los usa como pretexto para acciones represivas. La desmemoria es también un arma represiva .

No me refiero a los votantes, sí a las autoridades, a las de antes y a las de ahora, que usan la desmemoria para imponer reglas de economía y de convivencia de corte neo liberal, es decir de explotación capitalista.

Como canta Ruben Blades: ¿Y por qué es que desaparecen? Será que todos no somos iguales.

 

 

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