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La aristocracia obrera

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Gonzalo Abella.

Privilegiar un sector de los oprimidos para quebrar su resistencia es un recurso tan antiguo como la opresión misma.

En la Antigüedad, esclavos  con látigo en la mano forzaban el trabajo de sus hermanos de infortunio por el precio de un mejor plato de comida. En los campos de concentración nazis se usó el mismo recurso.

En el siglo XXI, las cúpulas de muchas Centrales Sindicales del planeta están controladas por trabajadores con buenos salarios que son agentes del Capitalismo. Se los llama “la aristocracia obrera”.

¿Cómo surge este fenómeno? Los  opresores de la Antigüedad aprendieron mucho del levantamiento de Espartaco, y los capitalistas aprendieron mucho del susto que se llevaron en1871 con la Comuna de París. Vale la pena recordar este último evento: en el marco de la guerra entre Francia y Alemania y la rendición del Ejército Francés, los obreros de París desobedecieron la orden de entregar las armas,  formando su propio gobierno comunal. Final: el ejército alemán  y ejército francés se unieron contra ellos, y aplastaron su heroica resistencia, pero ya ningún gobierno se sentía seguro.  

Había que impedir otra Comuna. Así como en la Antigüedad hubo que dividir para reinar, ahora el capitalismo debía dividir a la clase social que la amenazaba con ser su sepulturera. Y la  historia se repitió,  pero ahora más como comedia grotesca que como tragedia. El látigo de aquel esclavo servil se transforma en un cobarde puñal escondido en un abrazo de hermano.

En el siglo XX, el Capital contó con nuevos recursos para hacer lo que más sabe: comprar mercancías y comprar conciencias. En efecto: la explotación brutal de mano de obra lejana fue una consecuencia lógica del desarrollo del Modo de Producción Capitalista, un rasgo esencial  de su fase imperialista. Gracias a  este saqueo exterior, el capital financiero encontró la plata para sobornar a un sector de los obreros de casa. Así nació la “aristocracia obrera” infiltrada en las organizaciones sociales y políticas de los trabajadores.

Mientras el reparto del mundo era el reparto de materias primas y sudor obrero lejano, en los países prósperos se expandía la pestilencia de la aristocracia obrera, contaminando mayores sectores de los trabajadores. Las centrales obreras disminuían sus reclamos. Los partidos obreros se volvían tibios y reformistas, cambiando el internacionalismo por el egoísmo “nacional” ya que el saqueo externo era buena noticia para que gotearan beneficios en los países “vitrina” del Capital. Muchos obreros de Europa y USA pusieron sus ahorros en acciones de empresas trasnacionales lejanas, y la peor noticia para ellos podía ser una política nacionalizadora en aquellos países remotos.

La “aristocracia obrera”  se implementó también en los países pobres con una inversión mucho menor. El Che ya advirtió en sus “cuadernos de Praga” que los obreros de las filiales de las trasnacionales a veces se sentían privilegiados y que allí los campesinos despojados podían ser mucho más revolucionarios. “Una cosa es la ideología  de la clase obrera y otra la clase obrera concreta de cada lugar” observó audazmente.

E n los Estados dependientes y serviles,  la “aristocracia obrera” sirve a la socialdemocracia entreguista  y se sirve de ella. Los cargos de dirección sindical son diques para frenar la lucha (o al menos dosificarla) y son además escaleras para ocupar cargos políticos, de los cuales puede bajarse un operador de estos,  circunstancialmente, para no quedar desenmascarado; ya se lo compensará cuando vuelva  a ser “rastrillo de izquierda” de votos para el Sistema.

 

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